Erotómana

SusanaMoo

¡Atención!. No recomendado para menores. ¿Porqué?

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Las urgencias sexuales son malas consejeras.

Publicado por Susana Moo
el 3 Septiembre, 2010

Gonzalo espera a la enfermera en la puerta del hospital. Está vestido con traje de calle y con su maleta en la mano. La verdad es que hace días que está fuerte como un roble. Si se quejaba de agotamiento era unicamente con la finalidad de prolongar su estancia hospitalaria en la que tan feliz ha sido. Pero ahora ya no tiene sentido y ha decidido abandonar el hospital, eso y vivir, desde hoy mismo con Alice. Hasta el fin de sus días.
- Alice, ¿quieres ser mi mujer?
Alice le mira con tristeza.
- Pero si tú ya estás casado.
- Desde hoy, si aceptas serás mi mujer y te acompañaré en las alegrías y en las penas. Todo lo mío es tuyo.
- Anda, invítame a un cafecito y lo hablamos con calma.

Unos minutos más tarde Gonzalo toma las manos de Alice y le habla con mucho sentimiento:
- Te quiero, me muero por tí. Jamás he sentido algo así por una mujer. Pediré el divorcio. Lo tengo todo pensado, nos iremos a vivir juntos. Desde hoy mismo. Tengo una buena pensión, y varios locales que me rentan, la mitad será para mi esposa, pero el resto nos dará para vivir con soltura. Viajaremos, iremos a Venecia, a París, adonde tú quieras. Te compraré vestidos preciosos.
Gonzalo tiene gesto emocionado pero Alice sonríe un poquito escéptica. Ya ha escuchado palabras así muchas veces, claro que a éste se le ve más sincero que otros y a ella, dadas las circunstancias, le vendría de perlas tener un buen compañero. Porque el momento que vive Alice no es como para echar bombas. No sólo se acaba de quedar en el paro, es que además está metida en un feo asunto de cuernos.
Cuando el cabrón se largó, Alice se vio imposibilitada de pagar el alquiler y entonces una pareja colombiana, que recién habían tenido un bebé, la acogieron en su casa a cambio de una cuota modesta. Ella encajó allí de maravillas especialmente con la chica, Tati, de la que se hizo íntima. Pero hete ahí que Tati trabajaba los miércoles por la noche y ese día se quedaban  a solas el apuesto marido y Alice. Él es un hombre pequeño y de cuerpo compacto que ronda los veinticinco y que no dudó en aprovechar su oportunidad los miércoles por la noche.  Como cualquier joven siempre andaba dispuesto a ampliar su trayectoria sexual y se acercaba a Alice más de la cuenta, le propinaba arrumacos un poco impropios dado su estado civil. Ella, con su carácter juguetón, le seguía el cachondeo sin más. Sin imaginarse ni remotamente dar un paso en falso. Esto hasta que uno de esos miércoles de marras pasó lo inevitable. Alice estaba en la cocina faenando. Se acababa de duchar y había puesto su ropa interior, como era su costumbre, en la cesta de la ropa sucia. Pues cuál no sería su sorpresa, cuando lo ve apoyado en el canto de la puerta muy sonriente con sus braguitas -las que acababa de poner en el cesto- en la mano, delante de la nariz.
- Eres un payaso, le dice.
Él ni se inmuta, sigue aspirando el aroma y su sonrisa se va transformando en seriedad.
- Tú ya sabes que  yo te tengo ganas, Alice.
- Anda, déjate. Que bien que estáis tú y Tati.
- Tati desde el bebé no es la misma, no se quiere dejar coger, dice que le duele.

Tomado del flirk de Jose Manuel Torriate

Tomado del flirk de Jose Manuel Torriate

Mientras le explicaba sus problemas maritales se le había acercado mucho y, todavía olisqueando sus bragas, había pegando la pinga a las nalgas de ella.
Ya vamos conociendo a Alice. Ya sabemos que no está hecha de hielo, que se templa con facilidad, pero esta vez todavía opuso un poco más de resistencia.
- Sepárate, por favor te lo pido.
Pero, ¡ay! La carne es débil y Alice lleva ya unos meses sin un consuelo. Ese bulto apretándose cada vez más fuerte en sus cachas, rozándose, frotándose, le enciende las carnes. Cuando la sangre se enciende no hay razonamiento moral que la apague. Y allí se dejó montar Alice por el marido de su amiga. Allí mismo, en la cocina. Sentía las empitonadas bravías y el cuerpo le vibraba todo, ¡qué gusto da virgen santísima!,  ¡cómo agradece el organismo ese bombeo!, ¡qué maravilla sentir ese pulso primitivo! ¡sublime explosión de los sentidos!
La escena se repitió, con lógicas variantes, cada miércoles. Así desde hace dos meses. La situación empieza a ser insostenible. Ella, ahí, conviviendo con la pareja. Tati absolutamente confiada, intimando con ella, los tres jugando al dominó los domingos en la sobremesa con el remordimiento y el deseo alternándose en esquizofrenia. Esos polvos urgentes tiene la característica  de dejar el cuerpo alegre y el espíritu triste y ¡cuánto desgastan!

De modo que Alice se siente en estos  momentos una vaca sin cencerro, una oveja extraviada, una perra sin bozal y Gonzalo puede ser una magnífica vía de escape. No es que lo quiera por interés, o en cualquier caso su interés no es mayor que el que se suele encontrar en una relación amorosa cualquiera.
- Vamos a ir inmediatamente a hablar con Carmen, dice Gonzalo, el apartamento está para entrar. Viviremos allí mientras no encontramos algo mejor.

- ¿y quién es esa Carmen?

- La camarera de Crisol, el bar donde acostumbro a ir cada mañana a tomar el café.

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Capítulo 59 de Crisol Púbico.

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Crisol Púbico. Novela erótica en capítulos
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10º Relato erótico presentado al juego “¿Qué tengo entre las piernas?

Publicado por Susana Moo
el 2 Septiembre, 2010

Leed esta fantasía erótica e intentad adivinar si la ha escrito un hombre o una mujer:

El caballero follante y la princesa que no quería salir de la Torre

Se habían esperado, por turnos, casi toda una vida. La fantasía hecha realidad… Tumbada y abierta delante de él, que de rodillas se hacía cómodamente un hueco entre sus cariñosas piernas.

imagen aportada por el autor del texto

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Y no era su sexo ofrecido, no era su desnudez… Lo mejor era su cara, su mirada ardiente, su sonrisa entreabierta ¡Al fin era suya!
Los  sueños que se cumplen, son extraños… Tenían todos los ingredientes para que aquel encuentro fuese alucinante, pero algo no iba bien…
Había esperado aquel momento con ansia, pero no parado… Hubo muchas mujeres en su vida. Algunas habían sido especiales, aunque para él, ella era la única. La única que podría hacerle subir a otro plano… superior….
Y allí la tenía, tan complaciente.  Decidió empezar con  una caricia suave y tierna. Tenía que ser largo, especial, la noche entera. No quería estropearlo todo, ya no eran dos críos presos de hormonas implacables, aunque por momentos lo parecían. El deseo acumulado de años puede tener esos efectos. Ella aparentaba haber despertado de una larga pesadilla de hambre sexual. Se preguntó si de verdad tendría hambre o sería sólo vicio ¿Quizá sólo actuaba para hacerlo feliz?. La vió en el papel de la princesa encerrada en la Torre esperando por su caballero follante….

imagen aportada por el autor/a del texto

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Se sonrió con la ocurrencia y decidió empezar por su pelo (de alguna manera había que subir a aquella Torre sin perder la compostura…) así que se lo  apartó ligeramente de aquella para él inédita cara de deseo expreso, incontenido. Ella se removió como un animal en celo, como una gata buscando una caricia más intensa. Entrecerró los ojos y exigió una caricia más completa, más transgresora, más sexual. Más…  Quería que aquella mano la sujetase con fuerza y le hiciese saber que sí, que era suya al fin…

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relatos eróticos escritos por lectores para el juego "¿Qué tengo entre las piernas?
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9º Relato erótico presentado al juego “¿Qué tengo entre las piernas?

Publicado por Susana Moo
el 1 Septiembre, 2010

Leed esta fantasía erótica e intentad adivinar si la ha  escrito un hombre o una mujer:

La secretaria
La pobre secretaria anónima, en la que nadie se fija, pide permiso para ausentarse e ir al baño. Ya está harta de que su jefe la vea como una simple secretaria y no como una mujer. Sólo trabajo y papeles. Ella se mira al espejo y no ve nada nuevo. Observa las heroinas de las historias de los demás. Siempre tienen algo ingenioso que decir o hacer. La pobre abre sus piernas en el baño de la casa de su jefe. Se vuelve a mirar y piensa que nadie sabrá nunca los anhelos que esconde. Roza su pubis ligeramente con dos dedos. Nadie vendrá a hacerlo por ella, así que alarga los dedos acariciando apenas sus labios. Mojada y sola, siente esa desesperación que apenas comprende pero que ha aprendido, a la fuerza, a mitigar sola. A tientas busca entre sus cosas y encuentra un armatoste de color llamativo.

imagen proporcionada por el/la autor/a del texto

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Lo toca , lo mira y lo huele; no es lo mismo, pero la urgencia es infernal. Emite un leve gemido cuando la silicona atraviesa sus entrañas. Pero ya no haz vuelta atrás. Apoyada en la pared, al menos pulcra, hace un movimiento giratorio con ese engendro que le provoca un espasmo eléctrico por la columna. Saca despacio el húmedo juguete y lo pasea por los labios hinchados de su vagina, moviéndolo en círculos hasta su clítoris hinchado y abandonado. Umm… Nadie vendrá, nadie vendrá. Su cuerpo empieza a retorcerse involuntariamente. Necesita más. Y, sin ninguna compasión por ella misma, viola de manera brusca y certera su propia intimidad. Una y otra vez, acaricia, fuerza y masturba su solitaria entrepierna. Sonríe, y espasmos de placer recorren su pequeño cuerpo… Hasta que, de repente, todo tiene sentido al notar su flujo caliente bajando por ella.

-Dígame jefe, por dónde íbamos? Lamento la tardanza… -se disculpa tras regresar al despacho.

d.

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Breve valoración del juego “¿qué tengo entre las piernas?”

Publicado por Susana Moo
el 1 Septiembre, 2010

Hemos llegado al ecuador del juego y me gustaría hacer un balance de cómo va la cosa.

Si nos alejamos de los individualismos y analizamos nuestra intuición como un bien colectivo, me congratula decir que el grupo formado por los votantes del juego “¿Qué tengo entre las piernas?” vamos ganando.

Mirad:

En el 1º relato, escrito por la susceptible Adela, se obtuvieron un total de 23 votos, 12 de los cuales dieron en la diana, sólo por un voto, pero acertamos.

En el 2º relato, escrito por Nasi, hubo 18 votos, de los cuales 11 fueron aciertos al considerar que era un hombre. Le pillamos.

En el 3º, el de Aldabra: 19 votos, 10 acertaron al votar MUJER. Ganamos, por poco, pero ganamos.

4º: El de Wendy, perdimos 7 contra 10.

5º: El mío, 15 votos, 10 de los cuales acertaron de lleno. Goleada

6º: El de DR. Mikel. De 21 votos acertamos 13.

7º: En el de Gregorio Morales, que coló como mujer. Perdimos 8 contra 10.

8º: El de Chousa, 13 votos,  9 aciertos.

De 8 partidas adivinamos en 6 de ellas. Sólo Wendy coló como hombre siendo mujer y Gregorio Morales coló como mujer siendo hombre.

Ojalá se unieran más votantes, desde luego este juego, sin votos, sería una tontería sin sentido. Reitero mi más acalorado agradecimiento a los que os animáis a pulsar el botoncito de comentarios y dejáis vuestro voto.

Y pregunto, ¿cómo os sentís? ¿va bien el ritmo? ¿hacemos un descanso? ¿seguimos?

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El médico eyacula en el cojín.

Publicado por Susana Moo
el 31 Agosto, 2010

-Supongo que no es necesario que le  explique las causas de su despido, dice el médico muy serio sin mirarle a la cara.
Por supuesto que no. Desde luego que no. Que una enfermera se beneficie a un paciente en el mismísimo hospital es causa justificada de despido inminente y ningún sindicato pondrá pega alguna.

El médico es un hombre tolerante, él hubiera perdonado un desliz del tipo confundir las tomas de medicamentos, olvidar la administración de un calmante, un informe erróneo. Hubiese sido condescendiente si se hubiera demorado en acudir a la llamada apurada de un enfermo o si hubiese tenido un pronto desairado con un familiar. Podría mostrar negligencia ante una falta de profesionalidad, ante una carencia de humanidad, ante la ausencia de sensibilidad para con el dolor ajeno ¡Pero eso! Eso bajo ningún concepto.
Alice lo sabe y no tiene nada que decir. Se levanta y sale del despacho con los ojos llenos de lágrimas y el mentón hundido por la vergüenza.
El médico se siente molesto, cabreado, incómodo. Menudo día lleva, menudo papelón le ha tocado hacer hoy, qué desfachatez la de esa enfermera, qué mal trago. El doctor se recuesta en su silla, está alterado, nervioso, ha de hacer algún ejercicio de respiración para calmarse un poco. ¡Menuda fulana! Al pobre médico no se le va de la cabeza la imagen de la enfermera abierta de piernas con el chorro del grifo en la vagina. Qué horror, piensa, bebe un sorbo de agua. “Una fresca, una libertina” Él nunca ha visto a su mujer en tan obscena postura.  Sus relaciones maritales son regulares, acostados como norma general. Acometen tres, cuatro posturas, vamos, lo normal. Pero eso es lo de menos, aunque él y su esposa ejecutasen el listado completo del kamasutra, esa alegría de follar no se la darían las acrobacias. Lo que ellos desconocen, lo que para el médico es, hoy por hoy, inconcebible es esa insólita capacidad de despendole que ha presenciado y que está a años luz de su sexualidad patriarcal represiva ¡Si no es ni tan siquiera capaz de liberarse en solitario! En estos momentos, sin ir más lejos, está excitadísimo y no se quiere dar por enterado.  Qué asquerosidad, se obstina en repetirse como si se estuviera aprendiendo la lección.

¡Menudo día llevo! dice para sí mientras con rictus de agotamiento nervioso toma el cojín que está allí al lado. Sin pensar realmente en lo que hace, lo pone en su regazo. Absolutamente inconsciente de lo que ese gesto significa, le da un buen azote al cojín. Ese golpe reverbera en sus genitales. A diferencia de sus limitaciones cerebrales, su aparato reproductor funciona como un reloj. Qué guarra, recuerda. Y otro azote. Esta puñetera erección le impide pensar con claridad, ¡qué puta!

Fotografía de Francisco Enríquez Muñoz

Fotografía de Francisco Enríquez Muñoz

¡Va, va! la fantasía quiere salir, viene y va, juega al escondite pero hoy parece que la lujuria va a conseguir escamotear la autocensura.  Hoy su mente cabalga. Otra nalgada al cojín -reverberación en la polla- y ya se imagina con claridad el culo gordo de la enfermera en sus rodillas. Toma, dice. Lo dice muy bajito, en un susurro, casi no se escucha a sí mismo. ¡Toma! el culo redondo de la enfermera colocado en pompa en sus rodillas. ¡Toma, toma, toma! El médico musita cosas muy indecentes, su imaginación va desbocada. El médico, que si está con el pico cerrado es un hombre bastante atractivo, por primera vez en su vida da rienda suelta al fauno lascivo gracias al cojín. Toma, toma toma, culo de puta. Con sus propias manos abre las cachas a la enfermera y lo mira todo, lo hurga todo, lo profana todo, humillándola “y ¿esto? ¿ te gusta ésto?  O ¿mejor por aquí? ¡Toma! Y ¡Toma! Y ¡Toma!”.

Sí, menudo día lleva el hombre.

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Capítulo 58 de Crisol Púbico.

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8º Relato erótico presentado al juego “¿Qué tengo entre las piernas?

Publicado por Susana Moo
el 30 Agosto, 2010

Hoxe preséntovos un relato escrito en galego, ¡¿de quén será??

Intensidades

Aceleracións arrítimicas, volantazos de desexo, frenadas con rozaduras de ledicia, intermitentes diastólicas, destellos de paixón incontrolada e rodadura deslizante pola costa abaixo do pracer xa inevitable. Mistura de carburantes que son as salivas intercambiadas. Corazóns que bombean co ritmo frenético e concentrado. Pulmóns que buscan un átomo osixénico con auténtico desespero…
E na mirada percibíndose toda a lascivia concentrada nos ollos alleos, próximos, entrepechados, doces, pedindo máis, dando, recibindo, cargándose de bágoas de pracer con salitre de desexo.
E volvendo ó centro do corpo, buscando o nife das sensacións, para mollar a lingua húmeda na acuosa impetuosidade do desexo. E repartilo despois pola pel todiña. Acougando, desaforando, ora con ritmo, ora sin él. E buscar o vértice do pracer para acadar a vértixe que nos arrastra sensacións próximas ó mareo, cercanas á cúspide da lipotimia e nos arrinca da realidade que non sexan os propios corpos envoltos na espiritualidade orgásmica que se aveciña.

imaxe proporcionada polo autor-a do texto

imaxe proporcionada polo autor-a do texto

Volver amodiño, recuperando, termando, alongando o inevitable para reiniciar un estalido que se adiviña na curva do pezón, na nádiga temblorosa, no beizo carnoso e carnal,  pecaminoso ata cando non pensa.
E mirarte cando xa non é posible máis espera. E ver que ti me miras. Non direi todas as palabras que dis. So as resumo na pronunciación linguopalatal, rotunda e mollada dun SÍ imperativo, final, intenso, reiterativo e magnífico, sobre cuxa pronunciación engarzouse o meu orgasmo arredor dos teus ollos e do teu corpo todo…

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7º Relato erótico presentado al juego “¿Qué tengo entre las piernas?

Publicado por Susana Moo
el 29 Agosto, 2010

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Bes

Bes-num 8

imagen aportada por el autor/a del texto

¡Después de tantos años y ayer ocurrió, buey mío, Serapis mío! Me miro al espejo y mis senos, mi cintura, mis caderas cobran sentido. ¡Mi cuerpo tiene sentido!
Han transcurrido ya muchos años encerrada, recibiendo a los fieles, mientras mi juventud se ha ido marchitando. Aún queda algo… Pero cuando ya había perdido toda esperanza de tanto ofrecerme a los peregrinos sin que nunca me ofrecieras nada, ¡ha llegado!
¡Serapis, amor mío! He visto a un hombre tras otro deshacerse en mis brazos, gemir, entrar en rapto, estallar como las ánforas en el desierto, ¡pero jamás pude imaginarme lo que es realmente! Es un deshacerse, una dulzura, un dolor, una soberbia, una obscenidad, un llanto… y nada.
¡Serapis mío, qué plenitud esta nada! Quiero volver una y otra vez a ella. ¿Quién me iba a decir que sería este hombre? Un hombre nada especial. Calvo, ligeramente obeso, velludo, hosco, duro, a veces provocador… pero cuando me abrazó, algo muy hondo delató su presencia.
Cientos de peregrinos vienen diariamente al Templo para recibir los dictados del Dios. Antes de conciliar el sueño, reciben a Serapis a través de mi cuerpo. Yo soy los ojos, las manos, la piel, el vientre, el sexo de Serapis. Serapis los ama a través mío. Yo les doy el amor del Dios, los unjo con el deseo del Dios, les prodigo el éxtasis del Dios. Miles de peregrinos han entrado a mi templo y me han regalado su semen.
Hablo con los peregrinos. Les pregunto dónde viven, qué familia tienen, por qué han viajado al Templo, cuáles son sus problemas, que desean obtener del Dios. Y cuando su vida se abre para mí, los amo. Los amo intensamente. Como si nunca antes hubiera amado a nadie de esta forma.
Tiemblan, se convulsionan al contacto conmigo. Saben que tengo la fuerza de los hombres que me han poseído. Gimen, aúllan. “¡Te amo!”, gritan mientras su semilla estalla en mis entrañas. Quieren verme, convertirse en mis esclavos, hacerse sacerdotes del Templo, pero yo asisto indiferente a sus deliquios. Siento envidia. ¡He visto deshacerse a tantos hombres mientras yo no sentía nada! He visto hasta la saciedad ulular a otras sacerdotisas, y sé que pueden sentir algo muy semejante. Hace un año, Sejmet se jugó la vida escapándose con un fiel. A los pocos meses fue descubierta e inmolada al Dios. ¡Las sacerdotisas no podemos abandonar el Templo!
Sé que hay un éxtasis inmarcesible, pero que yo jamás he sentido. Miles de hombres besando mis senos, agitándose entre mis ingles, enloquecidos, lunáticos, y yo gélida, fría, imitando los sonidos que escucho a otras. Cuando ellos acaban, sólo tengo ganas de que se alejen. Frente a sus arrobadas declaraciones, ostento mi autoridad. Seca, tajante, sobria, los envío a los dormitorios sagrados. Esa noche el Dios hará descender sobre ellos un sueño que a la mañana deberán interpretar los oniromantes.
“¡Es a Serapis a quien tienes que amar!”, les digo mientras me imploran. “¡Y Serapis es de todos! No puedes poseerme en exclusiva”. En cuanto el último peregrino desaparece, las lágrimas inundan mi lecho. ¡El Dios los favorece a todos y a mí no quiere favorecerme!
¡Pero hoy ha cambiado todo! ¡Por fin me has bendecido, Serapis mío! Ayer llegó este fiel como uno más, tal vez algo más altivo, más desdeñoso… Cuando lamía su sexo, hizo un suave gesto para apartarme. La mayoría de los hombres no son capaces de hacerlo. Derramarse entre mis labios es tan sagrado como hacerlo en mi templo, pero, además, es más rápido y alivia el contacto cerrado. Pero Bes no. Sí, se llama Bes. ¿Cómo podré olvidar su nombre? Bes me apartó. No quería que bebiera sus óleos. Con sus manos toscas, acarició mi cuerpo. Lo han hecho miles, pero esta vez me estremecí. ¿Qué ocurría? Era como si el Dios no estuviera en mí, sino en él. Era como si Bes fuera ahora los ojos de Serapis, las manos de Serapis, el musculado torso de Serapis…
Su sexo, sin embargo, no era grande, aunque tenía un grosor inusual. Cuando entró en mí, algo desapareció. Mi mente, mis pensamientos, mi memoria se marcharon. Era como si me liberara de un fardo. Desaparecía un sucio, triste, pegajoso lastre, y emergía la niña que fui, y quería darme entera, y recibirlo entera, y de súbito, para mi espanto, mis gemidos no eran fingidos, sino que salían de una profunda herida, y los movimientos de mis caderas tampoco eran fingidos, y mi abrazo tampoco era fingido, y las uñas que clavaba en su espalda las clavaba por una perentoria, inexcusable necesidad. Y quería que aquello siguiera y que no se acabara nunca, y, al mismo tiempo, no podía seguir, me consumía, me partía, me convertía en los trozos fragmentados de Osiris. Y toda la miel del Nilo estaba en mi templo.
¡Serapis mío, nunca había sentido dentro de mí tu río sagrado! No, no eran las blancas naves del hombre, sino mi río, mi propio Nilo, con densas y agradecidas aguas.
Bes dejó de moverse y permaneció en mí, y fue entonces cuando vino. ¡Vino la lucidez del Dios, y su gloria, y sus acmés, y su obscenidad, y la música de las Hathores! “¡Bes, Bes, Bes!”, repetía mientras él reiniciaba sus movimientos y se convulsionaba y me llenaba de blancos copos de algodón.
“¡Bes, no te vayas!”, me sorprendí rogándole. “¡Bes, quiero verte, ansío verte!”. Comprendía ahora a aquellos que me habían rogado hasta la desesperación. ¿Serapis me bendecía y al mismo tiempo me castigaba? “Bes, quédate en el Templo. ¡Te daré todas las riquezas que quieras!”. Y entonces fue él quien me dijo lo que yo le repetía a los fieles: “Tú no puedes ser de nadie porque eres de todos”. “¡Una vez más entonces! ¡Te lo ruego!”, imploré. Me miró fijamente, en silencio, escrutándome. Al fin dijo: “Mañana, después de la sesión del oniromante, estaré aquí”.
Vida mía, Serapis mío, ahora lo espero. Oh Dios de mi destino, aunque media humanidad ha pasado por mí, me has mantenido virgen para este hombre. ¡No lo puedes dejar escapar! ¡Haz que estemos juntos para siempre!
Ahora lo espero y tiemblo. Nunca había conocido a un hombre.

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Alice y Gonzalo son pillados infraganti.

Publicado por Susana Moo
el 26 Agosto, 2010

Se mueren de la risa. Eso es lo más característico de las relaciones sexuales entre la enfermera y el abuelete. Se parten, se tronchan, se mondan, se despiporran. Él se queda bobo con las carcajadas de ella y ríe a su vez como un niño. Le quita la ropa como si descubriera la perla en una almeja y la acaricia toda con las yemas de los dedos, con las palmas de las manos. Gonzalo no da crédito, no se lo cree, aplaude y cierra los ojos ¿estaré viendo visiones?
-Te voy a bañar, le dice.
-¡Ay, no! que nos pueden cazar.
-No, no nos pillan. A esta ahora todo el mundo duerme en el hospital.
El riesgo les excita, qué gamberros. Van al baño y llenan la pequeña bañera de agua, ji ji, ja ja, jeje
-Estás loco.
-Loco por ti.
-¡Loco de capirote!
-Eres mi chiquitina y te voy a bañar, uy, uy uy, qué niñita más desarrollada, mira qué tetas más ricas. Y a ver,…  ¿qué hay por aquí? ¡pero si tiene pelos! ¡qué conejito más lindo!, ¡vamos a lavarlo bien!
conejito
Alice se mete en la bañera debajo del grifo y Gonzalo pone el tapón. Ella se queda de pie debajo del chorro, toda nerviosa, acalorada. Él le pasa la esponja por la espalda, por las nalgas y le cachetea el culo. Alice tiene muchísima celulitis en el culo, pero el papito ni la ve, y aun en caso de verla no decrecería su encantamiento.
- ¡Mala, mala mala!, le dice, con los cachetes consigue salpicarse todo.

- Ahora la nenita se va a tumbar que la voy a lavar bien lavadita.
Alice ya se ha olvidado de que está en su puesto de trabajo y obedece muy sonriente, muy obediente. Se recuesta en la bañera y se deja hacer.
- Una pierna aquí y otra acá, para que papi pueda lavar muy bien a la nena.
Un observador neutro que no conozca -o que se haya olvidado- de las tonterías del amor, pensaría que estos dos son un par de subnormales, hablándose como bebés, jugando a las mamás, haciendo pucheros. Pero de bebés nada. Una vez Alice está tumbada en la bañera, Gonzalo enfoca el chorro del grifo allí donde a ella le hace más cosquillas y ella se desparrama toda. Intercala la risa ahogada con suspiros y gemidos roncos, que trata de minimizar metiendo sus manos en la boca. Tiene el rímel todo corrido. El pelo mojado le gotea en mechones desordenados. Los pezones como piedras.
La pareja de amantes está tan entretenida que no se percata de que en la puerta, con cara de espanto, se encuentra el médico, atónito. Este señor de bata blanca y fonendoscopio es, además de una eminencia -relativa- en cardiopatías, el jefe de Alice. El doctor se está unos segundos mudo, estático, intentando procesar lo que mira. Pero pronto reacciona, gesticula espantado y carraspea, da una rídicula patada al suelo y un golpe ya menos tímido a la puerta, todo para hacerse notar. Pero ellos nada, a lo suyo, en su mundo de las mil maravillas.
- ¿A ver qué guarda el conejito aquí dentro?
Y entonces el aguafiestas, lleno de ira, gesto feroz, grita con voz estrepitosa:
-¡ENFERMERA! ¡Quiero verla inmediatamente en mi despacho!

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Capítulo 57 de Crisol Púbico.

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6º Relato erótico presentado al juego “¿Qué tengo entre las piernas?

Publicado por Susana Moo
el 26 Agosto, 2010

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REMINISCENCIAS

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Un camisón de raso negro de tirantes finos sobre su piel. Isabel se gira sobre las sábanas blancas entre sueños, sonríe. Un tirante cae por su hombro levemente y lo acaricia, las primeras luces entran por la ventana, se sobresalta con el sonido del despertador. No, él no está con ella. Medio dormida, se levanta, sonríe, acaba de recordar su sueño . Hace calor, su piel esta abrasando. Frente al espejo retira los tirantes del camisón y lo deja caer al suelo, sonríe de nuevo, se recoge el pelo con una pinza mientras se mira y piensa que todavía es atractiva, abre el grifo de la ducha, y espera que salga templada, notando en sus dedos la temperatura, bajo la ducha siente el tacto cálido del agua que recorre su piel rozándola, trayendo a su memoria el tacto de unas manos, de unos besos. Dibuja su piel con las manos llenas de gel. El aroma fresco le recuerda sus noches de pasión, rodando sobre la cama, resbalando en la otra piel, confundiéndose, los alientos en un mismo aliento, con el pelo alborotado cayendo sobre su rostro. Deja escapar un suspiro, casi un gemido, sale de la ducha, se cepilla el pelo, cierra los ojos y puede sentir sus dedos enredando con su pelo.

Un suspiro mas. Prepara la cafetera, se viste frente al espejo… una traje azul, medias de seda, zapatos de tacón, un medallón que cae entre sus pechos realzándolos. Se pinta levemente, lo justo para iluminar su cara, un toque en los labios de color suave, mientras pasa el lápiz de labios siente como si un beso le acariciara la boca. Humm! el aroma del café recién hecho. Se oye la cafetera, se apresura a retirarla del fuego, se sienta junto a la ventana retira un poco la cortina. Ya se ha hecho de día, se acabaron los sueños. Sobre el tejado antiguo crece una planta. Las antenas de su niñez, los pájaros… recuerda cuando trepaba a los tejados para verlo todo desde lo alto. Los tejados antiguos tienen algo especial.

Prepara sus papeles y su bolso y se va. Sus pasos firmes y ligeros se escuchan en el silencio de la mañana, es temprano todavía, cada paso siente el movimiento suave de sus caderas. Otro día con miles de cosas por hacer, otro día de rutinas. Coge el coche y pone la radio, escucha las noticias, otro día de calor intenso. Su pensamiento se pierde otra vez entre las sábanas, en las caricias, en los besos… Sueña, siente, imagina sus manos buscando su piel bajo la ropa y se le eriza el vello, siente el roce de la ropa en cada rincón de su cuerpo. Sus pupilas brillan y su corazón palpita mas fuerte. ¡Si su piel pudiera contar como arde el fuego en su boca! No, no quiere que le roben la sed, no quiere que le toque la nada,  quiere arder mientras quede brasa porque el agua no puede ser plata sin su ardiente calidez.

Isabel busca el borde exacto de sus recuerdos, inquietantes, impenetrables, que devoran un corazón hecho de escombros; busca los espacios de luz que cubrir con un manto de ilusión en profundas noches de piel.

………….

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relatos eróticos escritos por lectores para el juego "¿Qué tengo entre las piernas?
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5º Relato erótico presentado al juego “¿Qué tengo entre las piernas?

Publicado por Susana Moo
el 25 Agosto, 2010

Leed esta fantasía erótica e intentad adivinar si la ha  escrito un hombre o una mujer:

Mi polla

La movida esta va de adivinar qué tengo entre las ingles, pues joder, lo pongo fácil y os presento al calvo, al hermanito tonto, para servir exclusivamente a las señoras, -por delante y por detrás, eso sí, je je je-.

Mi polla

Mi polla (imagen aportada por el autor/a del texto)

Esta picha lleva ahí desde que mi madre me parió, dando caña la jodía. De enano me quedaba dormido cascándomela y ahora me despierto cascándomela, es inconsciente, lo juro. A los 14 la bicha ametralló el espejo (acojonante) Le cogí vicio al tema y no lo suelto. Cuando la del otro lado de la cama está dormida, salto del catre y me voy al youporn para darle al asunto. No me complico la vida, un culito respingón, unas tetitas como limones, y ya. Follando tampoco me como el tarro, como mucho me asalta el canalillo de la rubia del quiosco, ¡es de justicia, tendríais que verla!

………….

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